martedì 3 gennaio 2012

La despedida del 2011

Sensación rara la de despertarse el último día de un año viejo, o el primero de uno nuevo. Como si, en un instante, se te haga presente todo lo acaecido en el año, el 31 de diciembre, con su usual mixto de sentimientos contrastantes: agradecimiento por las cosas bellas, alivio por aquellas feas y que ya echaste a tus espaldas. Pero también con en los ojos la perspectiva de lo que te aguarda o esperas poder vivir, el 1 de enero, acompañado por esperanzas y desengaños, cuyas proporciones dependen más de las circunstancias que el avanzar de la edad.

El último día del año es, por lo general, ocasión de balances. Ha sido un año de dos facetas, así para dividirlo en manera sumaria, descuidando detalles y matices. Antes y después del Capítulo custodial. He pasado de la vida tranquila y ya asentada del seminario y de la enseñanza teológica, a una más improvisada e imprevisible de Custodio. Del paraíso climático y paisajístico de Palmira, al calor y zancudos de Guanare. Desde luego, las personas son muy cariñosas y me encanta la relación con gente “normal”, de toda edad y categoría. Lamentablemente, Guanare representa casi un lugar de apoyo, una comunidad de referencia. Porque mi campo es la Custodia entera, y cada convento es “mi” comunidad. He pasado de una vida estancial, sedentaria, a una casi nómada. El nomadismo creo va a ser la característica de mis próximos años como Custodio. Categoría bíblica, pero difícil de vivir y digerir. Gracias a Dios, salvo el incómodo de cambiar a menudo de lugar, por doquier experimento el don de la acogida fraternal, por parte de frailes y laicos. Al mismo tiempo no puedo no echar de menos las hermosas relaciones humanas que se habían instaurado estando en seminario. La posibilidad de verse se ha reducido notablemente. Ascesis y costo de una elección religiosa, en particular si franciscana.

¿Mi despertar el día 31? Con los ojos vueltos hacia el cielo raso, entre las líneas de conexión del anime, inmerso en pensamientos sin contenido. Estaba pensando en mi año. Me ha distraído un mensaje al celular, inesperado, en el cual se agradecía a Dios por el don de la amistad. ¡¡Qué bello!! Pensé que, de veras, es un don del cual el Señor ha llenado mi vida y el año que está al punto de terminar. Con amistades inesperadas, nuevas y conmovedoras. Con otras viejas, consolidadas y consolantes. Me ha parecido preciso y alentador empezar con el agradecimiento.

Me acordé de mi estado de ánimo el año pasado en esta misma temporada. Pude volver a ver, nítidos, los fotogramas del 31 de diciembre del 2010 y del 1 de enero del 2011, el viaje “catártico” a Venegara, el encuentro con los colores de la naturaleza y la calidez de la gente de la aldea. Fueron los motivos que Dios me puso delante para que pudiera iniciar a reaccionar y salir del impasse en que me había metido. Ha pasado mucha agua por debajo de los puentes, y gracias a Dios no rompió los diques, desbordando fuera del cauce. Por eso, ¿cómo puedo no estar agradecido? Más allá del “Te Deum” que la Iglesia invita a cantar en este día, es emocionante que sea tu vida a cantar. No he superado unos desentonos, y creo que nunca lo lograré en manera total. Sé que aún me queda bastante camino; sin embargo, he vuelto a sentir el ritmo del corazón y las voces compañeras del coro. Canto y marcho, marcho y canto, como enseña S. Agustín.

Después de haber despertado, rezado y desayunado, compartí la mañana con las dos familias de voluntarios italianos de la Orden Franciscana Seglar, quienes, por tres años cada una, vivieron aquí en Guanare en el barrio popular y un poco peligroso de “La Importancia”: Marco e Ilaria, con los hijos Lorenzo, Giacomo e Stella; Eugenio y Elisabetta, con Teresa, Sara, Giovanni Paolo y Pietro. Fuimos a visitar a las clarisas. Me sentí calentado por su presencia y amistad, y regocijado por el alboroto de los niños. Sara, de quien soy padrino de bautismo “por representación”, así como hace a menudo cuando me encuentra, brincó sobre mis brazos, se agarró a mi cuello, y me derritió el corazón de alegría. Sus abrazos y su ternura rebosantes son terapéuticos.

Al atardecer volví al monasterio para celebrar la misa de fin de año, a las 8.00 pm, para las cuatro clarisas y cuatro hermanas más de otras congregaciones que viven cerca del santuario nacional. En el breve trayecto me acompañó una puesta del sol “llanera”, serena y conmovedora, de aquellas que transmiten nostalgia y consuelo. No eran los colores vivos del año pasado hacia el páramo del Zumbador, que servían para restituirme la vida y las sensaciones que necesitaba en aquel entonces. A la misa siguió la cena y la adoración eucarística hasta casi medianoche, para recibir el nuevo año junto a Dios. Me hizo recordar las vigilias hasta la medianoche, junto a la fiesta, que se organizaban en parroquia el 31 de diciembre, años luces atrás, cuando yo era joven… Luego hemos destapado una botella de vino espumante de… manzana, brindado al nuevo año, disparado unos pequeños fuegos artificiales, y, finalmente, me fui a acostar en la hospedería. Mientras casi todo el mundo afuera, distante, se lanzaba en ruidos mucho más fuertes, en sonidos agudos aturdidores, en el ritual a menudo vacío de felicitaciones banales y superficiales. Manera insólita este año de despedir al año viejo y dar la bienvenida al nuevo. Sin embargo, me han gustado su calma y la fraternidad compartida.

¿El despertar del día 1 de enero? Algo cansado. Cuesta dar la despedida a un año, aunque viejo. Luego la vida normal, con sus cosas lindas del día anterior, de casi todos los días: misa, oración de la liturgia de las horas, desayuno, charlas y amistad. El trayecto de retorno a Guanare en compañía de una luz hermosa, tersa, límpida. Sin tráfico. Hasta Guanare luce preciosa, con sus calles aún vacías, sin el caos del tráfico cotidiano, pero lista para volver a echarse en el alboroto del año apenas pasado, de siempre.

¡Feliz 2012 para todos! El Señor nos dé la paz y haga que nuestros días rebosen de su presencia, para que nuestro tiempo sea siempre más pleno de vida y sentido.

domenica 1 gennaio 2012

Addio al 2011

È una sensazione strana quella di svegliarsi l’ultimo giorno di un anno vecchio e il primo di uno nuovo. Come se in un attimo avessi presente tutto ció che hai vissuto, il 31, con il solito misto di sentimenti contrastanti, di ringraziamento per tante cose belle, di sollievo per quelle brutte e che ti sei lasciato alle spalle. Ma anche con negli occhi la prospettiva di tutto ció che ti aspetta o speri poter vivere, l’1, accompagnato da speranze e disinganni, le cui proporzioni dipendono piú dalle circostanze che dall’avanzare dell’etá.

L’ultimo dell’anno è anche occasione di bilanci. È stato un anno a due facce, per dividerlo a grandi linee, facendo torto ai dettagli e alle sfumature. Prima e dopo il Capitolo. Sono passato dalla vita tranquilla e giá assestata del seminario e dell’insegnamento, a quella più improvvisata e imprevedibile del Custode. Dal paradiso climatico e paesaggistico di Palmira, al caldo e zanzare di Guanare. Per caritá, le persone son un amore e mi piace tantissimo il rapporto con gente “normale”, di ogni età e categoria. Purtroppo mi rendo conto che Guanare è in pratica un punto di appoggio, comunitá di referenza. Perché il mio campo è l’intera Custodia, e ogni convento è “mia” comunità. Sono passato da una vita piú stanziale, a una quasi nomade. Il nomadismo credo sará la caratteristica dei miei prossimi anni da custode. Categoria biblica, ma difficile da vivere e digerire. Grazie a Dio, salvo il disagio di doversi muovere spesso, dappertutto sperimento il dono dell’accoglienza fraterna, da parte dei frati e dei laici. Allo stesso tempo non posso non sentire nostalgia per i rapporti umani belli che si erano instaurati stando in seminario. L’occasione di vedersi si è notevolmente ridotta. Ascesi e costo di una scelta religiosa, specie se francescana.

Il mio risveglio il 31? Con gli occhi rivolti al soffitto, immerso in pensieri senza contenuto, tra le linee di collegamento del polistirolo che abbassa la volta della mia stanza, detto qui “cielo raso”. Stavo pensando al mio anno. Mi ha distolto un messaggio arrivato inatteso, in cui si ringraziava Dio per il dono dell’amicizia. Che bello!! Ho pensato che è davvero un dono di cui il Signore ha riempito la mia vita e l’anno trascorso. Con amicizie inaspettate, nuove e commoventi. Con altre vecchie, consolidate e consolanti. Mi ê sembrato giusto e incoraggiante partire dal senso di ringraziamento.

Mi sono ricordato del mio stato d’animo l’anno scorso di questi tempi. Ho potuto rivedere, nitidi, i fotogrammi del 31 dicembre 2010 e 1 gennaio 2011, con il viaggio “catartico” a Venegara, l’incontro con i colori della natura e il calore della gente di quel villaggio. Sono stati i motivi che Dio mi ha messo davanti perché potessi iniziare a reagire e venir fuori dall’impasse in cui mi ero cacciato. Di acqua sotto i ponti ne è passata, e grazie a Dio non ha rotto gli argini. Per cui, come posso non ringraziare. Al di lá del “Te Deum” che si canta in questo giorno, è emozionante che sia la tua vita a cantare. Non ho superato, e credo che mai ci riusciró del tutto, alcune stonature. So che ancora mi resta parecchio da camminare; ma sono ritornato a sentire il ritmo nel cuore e le voci di compagnia del coro. Canto e cammino, come insegna S. Agostino.

Dopo il risveglio, la preghiera e la colazione ho condiviso la mattinata con le due famiglie dei volontari italiani dell’OFS che per tre anni ciascuno sono stati qui a Guanare nel quartiere a rischio de “La Importancia”: Marco e Ilaria, con i figli Lorenzo, Giacomo e Stella; Eugenio ed Elisabetta, con Teresa, Sara, Giovanni Paolo e Pietro. Siamo stati a visitare le clarisse. Mi sono sentito scaldato dalla loro presenza e amicizia, e rallegrato dal casino dei bimbi. Sara, poi, di cui son padrino di battesimo “per rappresentanza”, cosí come fa spesso, si è schiaffata sulle mie braccia, mi si è avvinghiata al collo, e mi ha sciolto il cuore di gioia. I suoi abbracci e la sua dolcezza trasbordante sono terapeutici.

All’imbrunire mi sono recato di nuovo al monastero per celebrare la messa di fine anno, alle 8.00, per le clarisse e quattro suore di altre congregazioni. Nel breve tragitto mi ha fatto compagnia un tramonto “llanero” sereno e struggente, di quelli che danno nostalgia e consolazione. Non i colori vivi dell’anno passato verso il paramo del Zumbador, che servivano a ridarmi quella vita e colore di cui avevo allora bisogno. Alla messa è seguita la cena e l’adorazione eucaristica fino a quasi mezzanotte, per ricevere il nuovo anno accanto al Signore. Mi ha ricordato la veglia di mezzanotte, insieme al veglione, che organizzavamo in parrocchia il 31 dicembre, anni luce addietro, quando ero giovane... Poi abbiamo stappato una bottiglia di spumante alla... mela, brindato al nuovo anno, sparato qualche fuoco artificiale, e sono andato a dormire in foresteria. Mentre tutto il mondo fuori, distante, si lanciava in rumori molto piú forti, in suoni acuti da stordimento, nel rituale spesso vuoto di auguri superficiali e banali. Un modo insolito quest’anno di vivere il saluto all’anno vecchio e il benvenuto al nuovo. Peró mi sono piaciuti la sua pacatezza e la fraternitá condivisa.

Il risveglio dell’1? Con un po’ di stanchezza. Costa dare l’addio a un anno, benché vecchio. Poi la vita normale, con le cose belle del giorno anteriore, di quasi tutti i giorni: messa, preghiera dell’ufficio, colazione, chiacchiere e amicizia. Il tragitto di ritorno accompagnato da una luce bella, tersa, limpida. Senza traffico. Persino Guanare sembra bella, con le sue strade ancora vuote, senza il caos del traffico quotidiano, ma pronta a ripiombare nella caoticitá dell’anno appena passato. Buon 2012 a tutti!! Il Signore ci dia la pace e faccia che i nostri giorni trabocchino della sua presenza, perché il nostro tempo sia sempre piú pieno di vita e senso.

giovedì 17 novembre 2011

Pensamientos y palabras... en vuelo

Falta poco para mi llegada a Caracas, a 40 días desde mi salida para Italia. No tengo mucha gana de escribir. Debiera haberlo hecho durante mi estadía en el “Belpaese”, para reflejar y comunicar la inmediatez de los momentos vividos. Hasta me lo había propuesto… La descripción de las emociones sería más viva. Ahora siento que todo se mezcla. Conjunto de imágenes exteriores y fotogramas interiores, que se persiguen y confunden. Y no logro hilvanar el hilo de los recuerdos y de las impresiones. No sé cómo empezar ni donde terminar. Juro que seré menos flojo y más disciplinado las próximas veces. O al menos lo espero… Es que cuando me encuentro “dentro” de la situación, sobre todo en Italia, en especial en mi pueblo, me gusta relajarme, disfrutar, vivir, pensar, meditar, pero sin compromiso de comunicación, aun advirtiendo la necesidad. Baño de saludable… lentitud!!

De todos modos, le agradezco una vez más a Dios por la oportunidad de renovar el encuentro con lugares y personas, paisajes y relaciones que son parte fundamental de mi pasado y presente. Ver, estar, compartir es siempre un hermoso regalo de Dios, que me enriquece y conmueve.

¿La particularidad de este año? Pienso el haber disfrutado en manera especial, íntima, prolongada mi pueblo y mi familia, las fragilidades de los años de mi padre y mi madre. Ahora ya, más que los lugares, son las personas y las situaciones a llenarme. Los mismos lugares adquieren valor y belleza en la medida en que logro “habitarlos”. Geografías físicas e interiores que se encuentran y completan.

Estuve fundamentalmente en Monte Sant’Angelo, también los últimos días pasados en Sasso Marconi, sin embargo con mi hermana y mis padres, y la presencia discreta de mi cuñado Leo. Aquí me encontré con algunos amigos, entre los cuales mis infaltables conciudadanos. Los demás días, con las visitas fugaces a mis amigos en Milán y a mis frailes de Puglia, han sido momentos hermosos con personas bellas, quienes hacen intenso mi mundo y me impulsan a la gratitud. Mi primer mes ha tenido una inesperada inclusión entre el bautismo de Miguel, hijo de Graziamaria y Gianluca, en Gravina; y Matteo, hijo de Barbara y Pïno, en Monte.

Me queda un abanico de imágenes, con su respectivo caleidoscopio de emociones. Unas más nítidas y fuertes que otras; todas presentes a mi mente y corazón, difíciles a meter por escrito, por número e intensidad. He compartido presencias, historias, preocupaciones, alegrías, lugares, conmovido por el afecto que tiempo y distancias no consumen. Algo melancólico por no poder vivir un doble amor – Italia y Venezuela – con aquella presencia hacia la cual me siento atraído, y, sin embargo, humanamente imposible a realizar.

He salido hacia Caracas de Bolonia, acompañado del abrazo, de los besos de mis padres, que se vuelven siempre más desgarradores y lacerantes, por la edad que avanza y la fragilidad que se experimenta. Al aeropuerto me han llevado Leo y Lina, mi hermana, quien ha retrasado el beso de despedida hasta todo lo posible. Estoy por zambullirme otra vez en la realidad de Venezuela, de la cual me siento amado y amo. El Señor bendiga a toda la gente y los lugares que constituyen “mi Italia”. Dios se lo pague a todos, amigos.

Soy consciente que no he hablado de lugares y experiencias puntuales, ni descrito personas y encuentros, así como hubieran merecido, aunque no habría podido, nunca jamás, lograr poner por escrito y comunicar el esplendor de los paisajes y los movimientos del alma, con que los he visto y vivido. Prometo, pues, ser más detallado la próxima vez. Lo prometo... o al menos lo espero...

Un homenaje fotográfico a Monte Sant'Angelo, mi esplendido y querido pueblo

(fotos "robadas" a Anna Maria Rinaldi)

Pensieri e parole, in volo

Manca poco al mio arrivo a Caracas, a 40 giorni dalla partenza per l’Italia. Non ho molta voglia di scrivere. Avrei dovuto farlo durante la mia permanenza nel Belpaese, per rendere e comunicare la freschezza dei momenti vissuti. Me lo ero anche proposto... La descrizione delle emozioni sarebbe stata piú vivida e immediata. Ora sento che tutto si mescola. Un insieme di immagini esteriori e foto interiori, che si rincorrono e confondono. E non riesco a tessere il filo dei ricordi e delle impressioni. Non so come cominciare né dove finire. Giuro che sarò meno pigro e più ordinato le prossime volte. O almeno spero... È che quando mi trovo “dentro” la situazione, specie in Italia, specie al mio paese, mi piace rilassarmi, goderla, viverla, pensarla, meditarla, senza impegni di comunicazione, pur sentendone il bisogno. Bagno di salutare... lentezza!!!

In tutti i modi, ringrazio ancora una volta Dio per l’opportunitá di rinnovare l’incontro con luoghi e persone, paesaggi e relazioni che sono parte fondamentale del mio passato e presente. Vedere, stare, condividere è sempre un bel dono di Dio, che mi arricchisce e commuove.

La particolarità di quest’anno? Penso sia l’aver vissuto in maniera particolare, intima, prolungata il mio paese e la mia famiglia, le fragilitá degli anni di mio padre e mia madre. Ormai, più che i luoghi, sono le persone e le situazioni a riempirmi. Gli stessi luoghi acquistano valore e bellezza nella misura in cui riesco ad “abitarli”. Geografie fisiche e interiori che si incontrano e completano.

Sono stato fondamentalmente a Monte Sant’Angelo, anche gli ultimi giorni passati a Sasso Marconi, ma con mia sorella e i miei genitori, e la presenza discreta di mio cognato Leo. Qui mi sono incontrato con alcuni amici, tra cui gli immancabili “montanari”. Gli altri giorni, con le visite fugaci ai miei amici di Milano e ai miei frati di Puglia, sono stati momenti belli con persone belle, che fanno intenso il mio mondo e mi spingono alla gratitudine. Il primo mese ha avuto una inaspettata e significativa inclusione tra il battesimo di Michele, figlio di Graziamaria e Gianluca, a Gravina; e Matteo, figlio di Barbara e Pino, a Monte.

Mi rimangono un ventaglio di immagini, con il corrispettivo caleidoscopio di emozioni. Alcune più nitide e forti di altre; tutte presenti alla mia mente e al mio cuore, difficili da mettere per iscritto, per numero e intensità. Ho condiviso presenze, storie, preoccupazioni, gioie, luoghi, emozionato per l’affetto che tempo e distanze non consumano. Un po’ melanconico per non riuscire a vivere un doppio amore – Italia e Venezuela – con quella presenza dalla quale mi sento attratto, e tuttavia umanamente impossibile da realizzare.

Sono partito alla volta di Caracas da Bologna, accompagnato dall’abbraccio, dai baci dei miei, che si fanno sempre più struggenti e laceranti, per l’età che avanza e la fragilità che si sperimenta. All’aeroporto mi hanno accompagnato Leo e Lina, che ha ritardato il bacio di saluto fino a tutto il possibile. Sto per rituffarmi nella realtà del Venezuela, da cui mi sento amato e amo. Il Signore benedica tutte le persone e i luoghi che costituiscono la “mia Italia”. Grazie a tutti, amici.

So che non ho parlato di luoghi ed esperienze puntuali, né descritto persone e incontri, cosí come avrebbero meritato, anche se non avrei potuto, mai e poi mai, riuscire a mettere per iscritto e comunicare lo splendore dei paesaggi e i moti dell’anima, che li hanno visti e vissuti. Prometto, comunque, che sarò più dettagliato la prossima volta. Lo prometto... o almeno lo spero...

Omaggio a Monte Sant'Angelo, mio splendido e amato paese

(le immagini sono rubate a Anna Maria Rinaldi)

venerdì 9 settembre 2011

Lima, 10-16 de agosto

En aeropuerto, en aguarde del vuelo para Caracas. Me da tiempo para escribir algo sobre los días pasados en Lima, entre encuentro del Ministerio de Reflexión de la Falc (=MiReFalc) (10-12 de agosto), y visita a la ciudad (13-16). Dicho de entrada, me habría encantado ir a visitar Machu Picchu. Un sueño acariciado desde varios años. Tengo que postergarlo, porque me salía muy caro (alrededor de 600 dólares por tres días). Cuándo vuelva a Perú y pueda hacerlo en manera más barata, entonces… De lo contrario, me quedaré con el sueño. Lo único que pude realizar fue visitar una muestra de fotos sobre el descubrimiento de Machu Picchu (1911) en una sala del Museo de la Nación, cuya entrada es… libre!!!

Encuentro de la Falc, 10-12 de agosto – Tres días de trabajo intenso, para reflexionar, a partir de unos artículos para el próximo número de la revista Decires, sobre el significado de “conventualidad” desde una mirada latinoamericana, como contribución de nuestra área geográfica al trabajo de revisión de las Constituciones. El clima que se respira es muy familiar. Somos hermanos y, además, nos conocemos entre nosotros. Por eso, a pesar de la intensidad y cantidad de horas escuchando, discutiendo, aportando, todos quedamos satisfechos de ese enriquecimiento mutuo que nos brinda siempre nuestro encuentro. Yo no presenté un artículo, sin embargo tengo labia jejeje. Me tocó redactar la noticia del encuentro y las conclusiones más importantes para la página web de la Orden.

La última noche fray Vicente, alemán trasplantado desde una vida en América Latina y más latino que los nativos, nos invitó a ir a ver un espectáculo de danzas folclóricas en el hotel Sheraton, confundiéndonos con los turistas para quienes se daba. Él conoce a una de las bailarinas. No fuimos todos. Los demás turistas tenían cena y asientos, nosotros debíamos arreglarnos para asistir. Escogí una columna en primera fila, y disfruté, pero mucho, de las danzas y los trajes típicos para cada baile.

Visita de Lima, 13-16 de agosto – El sábado me cambié para el convento “Nuestra Señora de la piedad”, junto a fray Hernan, de Montevideo. Aquí los frailes y la feligresía nos recibieron muy bien. Celebré dos misas con homilía el domingo y el 15, fiesta de la Asunta. Momentos hermosos de fraternidad y de compartir pastoral.

¿Qué decir de Lima? A parte el cielo siempre nublado, porque en invierno, y el frío fuerte sobre todo en las noches, para un venezolano como yo, ha sido un verdadero descubrimiento. Fue la capital de España en América Latina, y mantiene rasgos de la importancia histórica que tuvo. El centro es muy lindo. La ciudad es limpia, aun en su caoticidad de 9 millones de habitantes. Lo único es que se trata de una ciudad construida en un desierto, al lado del océano, con nada o casi bello de un punto de vista natural. Me gustó lo que pude visitar: el casco histórico, las iglesias con sus museos y conventos, el Museo de la Nación, el Paseo del Agua con sus fuentes hermosas y sus juegos de agua y luces por la noche. Me impresionó el número enorme de taxis: alrededor de 200.000… siempre hay más de uno listo cuándo lo necesites.

Plaza de la catedral y fachada de la catedral

Palacio obispal y Palacio de Gobierno

Iglesia San Francisco y claustro

Convento dominico: sede de la primera universidad de Perú y claustro

Convento dominico: claustro

Convento dominico: tumba de S. Rosa y S. Martín de Porres

Paseo del Agua